martes, 29 de septiembre de 2015

ABUELOS DE LA A A LA Z




Mi abuelo Manolo era médico, y todos sus nietos nos pasamos años peleando con nuestros compañeros de colegio porque asegurábamos que era el único médico del mundo mundial que ponía inyecciones sin aguja. ¿¡Cómo era posible qué no nos creyeran!? si no era algo cuestionable, era un hecho real. Él nos enseñó, entre otras muchas cosas, a hacer pajaritas de papel, a mantenernos a flote en el agua de la alberca, y por supuesto a cantar un himno familiar “ Macarrón, macarrón triunfá” que sigue cerrando todas las reuniones familiares y que ahora, ojalá lo supiera, corean también sus biznietos.




ABUELO TÚ PUEDES

A mi me bastaba caminar de la mano de mi abuelo por la calle para sentir que nada malo podía ocurrirme jamás. La misma mano que me ofrecía para que me quedara dormida en el sofá de mi infancia con el traqueteo de la maquina de coser de mi abuela Pepa de fondo.



ABUELO PETER PAN


Las siestas de mi niñez estuvieron arropadas  por la falda de una mesa camilla en la que nos juntábamos los nietos como sardinillas al calor de la lumbre,  también por sus ronquidos sinfónicos o atronadores, por el placer de despertar oliendo el bizcocho de limón que se cocía en el horno, por el cielo azul que entraba a raudales a través de la ventana del salón de un sexto piso, ventana en la que anidaban los vencejos y las golondrinas que pueblan la primavera sevillana, por el canto de los canarios que criaba mi abuelo con tanto mimo que nuestros amigos decían que querían mudarse a una jaula y ser adoptados por el criador de pájaros más aplicado del planeta. Para darles de comer guardábamos las fundas de papel de las magdalenas y cuando juntábamos un montoncito, rayábamos las migas dulces adheridas a ellas, eso mezclado con huevo duro era el alimento de sus canarios Gourmet.





ABUELO BATALLITAS




ABUELO CASA DEL PARCHÍS



Mi infancia fue un lugar completamente feliz, pero cada una de las letras de esa felicidad se escriben con la tinta  de todos los recuerdos que tengo de mi abuelo. Recuerdos a los que no necesito acudir para que se me amontonen, nostalgias que a veces me hacen sonreír y otras tantas contarle la falta que me hace.
Nunca tuve dudas de cuento lo echaría de menos, desde que se fue cada día encuentro el momento para cerrar los ojos y tele-transportarme al hueco de su abrazo, casi puedo sentir la lana del jersey que le tejió mi abuela, en cuyo bolsillo nunca faltaba el bolígrafo que me prestaba cuando me acomodaba sobre sus rodillas, sentada sobre ellas y con ese boli también comenzó este gusto mío por escribir y dibujar.






EL 22 DE OCTUBRE ESTARÁ EN LAS LIBRERÍAS








3 comentarios:

  1. Precioso!! La de buenos recuerdos que conservamos de los abuelos... ahora tendré que regalárselo a mi niña para que empiece su "colección"

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  2. Impresionante! No sabes cuántos recuerdos me has despertado. Gracias

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  3. Que privilegio de infancia y que belleza de recuerdos. Dibujas amor por todos los pirps. Enhorabuena..

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